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Apolitas:Origen y fin

Mensaje por The hunter player el Dom 28 Dic 2014, 21:51

Apolitas

Origen y fin
Zeus y Apolo estaban caminando por Tebas. (Puede que entraran a un bar… pero ese no es el asunto. Pero suena bien, ¿verdad?) Zeus bajó la mirada a sus seguidores con ojos de cachorrito y comentó la perfección de la raza humana. Como cada hijo que quiere aventajar a su padre, Apolo se mofó, alardeando que él lo podía hacer mejor con una mano atada a la espalda. Para probar su argumento, encontró a una ninfa que llevara sus niños más perfectos, niños que sostendrían el destino del mundo en sus manos. Era tan cierto entonces como lo es ahora… poder absoluto, corrompe absolutamente.
Indudablemente, Apolo había tenido relaciones antes, pero lo jodió magníficamente con ésta.
Hechos de su propia carne y sangre, apodó a la nueva raza Apólita y les dio fuerza superior y habilidades psíquicas. Tres días después, fueron adultos. Tres días después de eso, estaban preparados para conquistar el mundo.
Zeus no aguantó ninguna tontería de esas. Así que los excluyó de la tierra. Porque puede hacer ese tipo de cosa.
Echó a los Apólitas a la Atlántida, donde procrearon y se mezclaron, casándose con los nativos Atlantes. Eran una raza agresiva, siempre persiguiendo su hambre por conquistar el mundo. Los Apólitas y los Atlantes se casaron entre sí, mezclando la sangre hasta que realmente se convirtieron en una raza de gente cuyos poderes no eran superados. Apolo no los disuadió. Esperaba con ganas el día en que se sentaría en el Olimpo como Dios Supremo.
En el 10,500 a.C., los Apólitas enviaron a la hermosa virgen Clieto a Delphi como una ofrenda a Apolo. El dios se enamoró de ella, y le dio a luz a diez de sus hijos: cinco parejas de gemelos. Clieto y sus hijos fueron enviados de vuelta a la Atlántida, para casarse con la familia real Atlante e, inevitablemente, asegurar el gobierno de la Atlántida para Apolo. A través de la Atlántida, Apolo tenía intención de apartar a Zeus y ocupar su legítimo lugar como soberano de los cielos y la tierra.
Después de todo, así es como lo había hecho Zeus. Y su padre antes que él… Apolo estaba simplemente siguiendo la tradición familiar en esta situación.
El mismo Apolo fue padre del primer hijo de cada reina Atlante, esperando que cada hijo fuera el elegido para traer la caída de los dioses Atlantes. Cada año, los Oráculos lo rechazaban.
(Ahora, esta parte se vuelve confusa, así que presta atención. Es un poco como el juego de triles. Bebé, bebé, quién tiene el bebé… Sí, yo tampoco nunca he sido bueno en eso.)
En el 9548 a.C., Apolo tuvo otro hijo con la reina Atlante, seduciéndola bajo la apariencia de su marido muerto, como un fantasma en un sueño. Y vaya, fue un sueño seriamente potente. Voilà: bebé número uno: Stryker.
El mismo año, la pavorosa reina de los dioses Atlantes, Apollymi, descubrió que no era estéril, como se había supuesto originalmente… estaba embarazada de su primer hijo. Un hijo, que los Destinos declararon, traería el fin a su panteón.
Entra el bebé número dos: Apostolos.
Bueno, Archon todavía no estaba preparado para programar el Apocalipsis. Hijo suyo o no, exigió que su mujer matara el bebé al nacer, por el bien del mundo.
Claro. Como si Apollymi fuera a dejar que eso sucediera.
Dio a luz a su hijo prematuramente, en secreto y lo escondió. Bebé afortunado número dos. Cuando llegó el tiempo de presentarle a Archon el bebé, Apollymi le dio uno hecho de piedra envuelto en pañales.
Archon estaba furioso. Sabía que su mujer había escondido al bebé… sin duda en el útero de una mujer mortal. (El útero de las humanas al parecer es un lugar excepcionalmente conveniente para dioses con la necesidad de ocultar un bebé maldito sin perder un instante.)
Lo que nos lleva de vuelta al bebé número uno: Stryker.
Archon sabía que la reina Atlante estaba embarazada, así que exigió que su bebé también fuera asesinado.
Sabes, las mujeres no se toman realmente bien lo de ejecutar órdenes en lo que respecta a la muerte de sus hijos.
A estas alturas, la reina se había imaginado que el bebé que llevaba era el hijo de Apolo. Sabía que éste nunca dejaría que mataran a su hijo, especialmente los dioses Atlantes. Mantuvo ese pensamiento engreído cerca de su corazón durante todo el parto. Sólo… al momento después de dar a luz a su hijo, éste fue asesinado ante sus ojos.
Lo que la reina Atlante no sabía era que Apolo había hecho su propio cambio… con ayuda de Artemisa, Apolo había colocado su hijo no nato en el útero de una de sus sacerdotisas en Delphi.
El niño al que la reina Atlante había dado a luz, fue el bebé número tres.
Pobre bebé número tres. No vivió el tiempo suficiente para ser un problema y a la pobre reina humana no se le contó lo del cambio.
La reina Atlante odió a Apolo por abandonarla a ella y a su niño ahora muerto… y por una buena razón. A la viuda, también le molestó el hecho de que Apolo nunca volviera a su cama para dejarla de nuevo embarazada. Se dejó caer en esa amargura, dejando que infectara y envenenara su sangre. Dejando que criara venganza. Dejando que el plato se pusiera bueno y frío antes de servírselo a Apolo en una fuente de plata.
Basándose en los antecedentes de gigoló de Apolo, sabía que sólo era cuestión de tiempo.
En el 9529 a.C., diecinueve años después, los griegos hicieron una tentativa e intentaron ganarse a Apolo para su causa. Sabían que luchar contra los Apólitas era una causa perdida, así que para ayudar a ganarse el favor de Apolo y con suerte su apoyo, le enviaron a Ryssa, la mujer más hermosa jamás nacida. Ryssa hechizó al dios al instante y se ganó su corazón. Teniendo la misma debilidad que todas las deidades parecen poseer, Apolo sucumbió a su belleza y sembró su siempre fértil semilla divina. Ryssa le dio un hijo y la corriente de la guerra cambió en favor de los griegos.
La reina Atlante inmediatamente ordenó la muerte de Ryssa y su hijo, ordenándoles a sus subordinados que no se contuvieran en su brutalidad, que lo hicieran parecer como si animales salvajes hubieran hecho pedazos a la mujer y el bebé.
Hicieron su trabajo, tal vez un poco demasiado bien.
Y así Apolo destruyó la Atlántida (por lo menos eso es lo que dice Apolo).
Su querida hermana Artemisa consiguió detenerlo antes de que destruyera a todos los Apólitas (y con ellos, el mundo), así que en vez de eso condenó a sus caprichosos niños. Los identificó como los animales salvajes que habían masacrado a su amante y su hijo, dándoles características adecuadas para semejantes bestias (los colmillos y ojos de depredadores), y obligándoles a alimentarse de la sangre de los otros cada pocos días para poder sobrevivir. Los desterró de su dominio, el sol, porque ya no podía soportar mirarlos y que le recordaran su traición.
Hasta este día, los Apólitas sólo viven hasta la edad de veintisiete: tres veces tres veces tres, la edad que tenía Ryssa al morir. El último día, mueren de una muerte terriblemente dolorosa, desintegrándose lentamente hasta ser polvo, hasta que el sol finalmente se pone.

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